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Título: Cómo hacer deporte con una vida profesional intensa y con responsabilidades familiares
Autor: Jorge Cuervo
Fecha: 26/03/2007

Una de las vías más naturales para combatir el stress es la práctica deportiva. De hecho, nuestro principal mecanismo defensivo (los ciclos de la adrenalina y cortisol) nació como respuesta de reacción rápida ante una amenaza, es decir, para salvar la vida. Su desenlace final es necesariamente una actuación física enérgica, tanto si se trata de huir como de luchar. En la vida actual, la tensión que soportamos no va seguida de la correspondiente actividad física liberadora, y esa energía que tenemos que disipar de manera inadecuada, nos “quema” por dentro (mal humor, agresividad, gritar en el fútbol...), y está en la base del fenómeno que denominamos “estrés”.

La actividad deportiva es la forma más natural de dar salida a esa tensión acumulada, pero para que sea sana y eficaz debe ser practicada con regularidad. Es decir, como ocurre en todos los aprendizajes, la principal dificultad es convertirla en un hábito.Dicho hábito debe ser creado y mantenido hoy en un entorno profesional difícil, a menudo inestable y siempre muy exigente psicológicamente.

En suma, cuanto más estresante es el entorno, más conviene desarrollar una práctica deportiva regular que reequilibre nuestro organismo, desahogando tensiones, “quemando” cortisol y preparándonos para los siguientes retos. Sin embargo, ese mismo entorno estresante dificulta la creación del hábito de la práctica deportiva. Esto es aún más difícil cuando nuestra dedicación familiar a duras penas puede ser armonizada con la vida laboral. aspecto en el que nuestro país está muy lejos de ser un ejemplo positivo. Antes bien, en España los trabajadores se ven atrapados entre los dientes de la tenaza “baja productividad – dedicación extensiva en horas”.

Este artículo, fruto de la experiencia propia sumada a la de muchos profesionales que he podido conocer como consecuencia de mi actividad de consultor, pretende dar ciertas indicaciones que pueden aumentar entre los profesionales la probabilidad de éxito en crear y mantener un hábito de práctica deportiva. Para ello, expongo a continuación los criterios clave en forma de “key points”. Cuantos más ítems cumplamos, más aumentará nuestra probabilidad de éxito en consolidar dicho hábito y, por el contrario, cuantos más incumplimientos, mayor dificultad tendremos para ello.

En cualquier caso, piense que el hábito de hacer deporte se alcanza cuando “nos falta algo” si no lo practicamos. Y llegar a ese punto requiere cierto tiempo. Hasta entonces, necesitará fuerza de voluntad, y le puede ayudar mucho el dar con la compañía adecuada: un mentor, por ejemplo, alguien que ya haya alcanzado ese nivel y le ayude a llegar. Otra estrategia válida puede ser recurrir a un entrenador personal. En este caso, no se apoye demasiado, no lo use como “muleta”: usted es el primer interesado en desarrollar su fuerza de voluntad, y ésta es como un músculo, crece con la práctica. ¿Era usted de los que creían que el deporte desarrolla sólo los musculitos? Piense que las virtudes morales y los valores que se trabajan con el deporte le pueden ser muy útiles en su práctica profesional.

Un criterio que debe tener claro al principio es el de fijarse objetivos razonables: defínalos en función de su circunstancia personal, su salud y su posible dedicación. Ante la duda, usted es un profesional en su actividad laboral y le gusta que confíen en usted; haga usted lo mismo, y acuda a profesionales que le ayuden a establecer objetivos realistas. Los objetivos imposibles crean frustración y desmotivación; los objetivos muy fáciles, aburren. Tiene que saber, además, que el desarrollo físico no se produce de forma gradual, sino “a tirones”, al igual que crecen los niños. Podrán pasar 2 o 3 meses de esfuerzo aparentemente estéril que un día darán fruto, y usted lo percibirá de manera repentina, “como si siempre hubiera estado allí”. No desespere, y no busque resultados en una semana. Crea en el trabajo, no en los milagros, ¡ya tiene usted una edad!...por eso está leyendo este artículo ¿me equivoco?

Tampoco acuda al centro de deporte para estresarse todavía más. El deporte exige esfuerzo, pero también paga con placer, con gratificación física y psicológica. Si es usted competitivo y se fija objetivos exigentes, quiere ser “el mejor” en todo y, en suma, lo vive como un trabajo adicional, en lugar de disminuir su nivel de estrés aumentará.

Sentadas las premisas, vamos allá:

  1. Sea un poco “egoísta” para poder ser generoso: Es muy normal tener la sensación de que “robamos” tiempo a nuestra familia y/o a nuestro trabajo cuando vamos a hacer deporte. Hay que luchar contra ese pensamiento negativo, ¡cuidar su maquinaria no es un capricho! El deporte aumenta el rendimiento laboral y mejora el humor; en la actualidad está demostrado científicamente. Por otra parte, ¿quién se beneficiaría de que usted quedase incapacitado antes de tiempo?, ¿o de que en su tercera edad pague el esfuerzo y quede en tal estado que seconvierta en una carga para su familia? Piense que los últimos 20 años, la edad de máximo riesgo para el infarto de miocardio se ha adelantado en 10 años: ahora está en los 35...
  2. Los deportes individuales son más fáciles de practicar que los de equipo: con lo complicada que está su agenda, imagine la dificultad de quedar con 3 personas como usted para jugar a tenis, y no digamos ya para practicar fútbol...

    En cualquier caso, si se aburre sólo y únicamente se siente bien haciendo deporte con otros, busque un centro en el que sepa que habitualmente puede encontrarlos allí mismo, sin cita previa.

Si aún no ha conseguido el hábito de hacer deporte, como hemos comentado antes, encuentre acompañantes o acuda a un entrenador personal, pero, sobre todo, no se llame a engaño, ¡la fuerza de voluntad no le va a sobrar!

  1. Los deportes individuales sin hora fija de inicio son más fáciles que aquellos que sí la tienen: Por ejemplo, si usted sigue un plan de fitness individual podrá acudir a su centro a cualquier hora. Por el contrario, si practica aerobic o spinning, por ejemplo, y piensa que no va a llegar puntual, se desanimará y no acudirá. Además, si acude y pierde unos minutos, sentirá que no “hace las cosas bien” o le costará ponerse a la altura de los otros (las clases están organizadas con una secuencia lógica de esfuerzos) y perderá parte del placer del ejercicio.
  2. Disponga de planes de ejercicio flexibles: lo que importa es la regularidad, no la cantidad. Si tiene la capacidad de ajustar sus planes de entrenamiento al tiempo disponible, su probabilidad de éxito aumentará mucho, pues siempre saldrá con la sensación de haber aprovechado el tiempo. Si tiene usted un entrenador, comente con él este punto, para que le ofrezca alternativas que le permitan a usted aprovechar resquicios de tiempo.
  3. La productividad es fundamental. Respete los descansos que le indiquen los expertos, pero elimine esos tiempos muertos de distracción o charla innecesaria. Si se practica bien y con concentración, en unos 45 minutos de deporte habrá logrado un trabajo óptimo. El resto del tiempo se va en comentarios, mirar por las ventanas, pensar en la última reunión...
  4. Busque un centro deportivo lo más próximo posible al trabajo. Así podrá aprovechar resquicios de tiempo, reduciendo al máximo los desplazamientos. ¡Nunca vaya a un centro cercano a su casa! Siempre habrá una excusa “para subir un momento”... ¡cuidado!, si lo hace, no saldrá de allí. Por eso mismo, organícese para llevar encima el equipo de deporte o tenerlo siempre preparado en una taquilla en el propio centro deportivo.
  5. Aproveche sus “resquicios de tiempo”: ¿es necesario comer en 2 horas? Existen “bolsas de tiempo” en su agenda diaria, son todas aquellas actividades que no le aportan valor y que le consumen tiempo como, por ejemplo, los desplazamientos. Estructure su agenda para reducirlos.

Reestructure sus comidas: un desayuno fuerte, además de mejorar u productividad, le permitirá comer ligero y en menos tiempo, para dedicar una hora al ejercicio. Por el mismo motivo, mejore su flexibilidad horaria durante el día, revise su rigidez mental: si se acostumbra a ir al gimnasio a horas diversas, aumentará el número de sesiones semanales que podrá efectuar. Este consejo será algo más difícil de seguir para aquellas personas que necesiten regularidad en su vida. En último extremo, va a depender de su trabajo: si es de horario regular, no tendrán problemas en este aspecto; por el contrario, quienes viajen o tengan horarios muy irregulares, necesitarán desarrollar esta capacidad precisamente para el mismo fin: consolidar el hábito.

En resumen, plantéese el ejercicio hoy en día como una necesidad para soportar lo que le viene encima. Pero vea también en ello una vía de crecimiento personal. Si lo contempla como un camino de largo recorrido, podrá fijarse objetivos razonables que le harán sentirse mejor. Por ejemplo, intente efectuar 2 sesiones durante la semana y otra en el fin de semana. Manteniendo esa frecuencia con regularidad, se sorprenderá de la magnitud de sus resultados.

Ese crecimiento personal le dará enorme rentabilidad en forma de productividad y actitud positiva tanto en su trabajo como en su hogar. Pero toda rentabilidad exige una inversión y un tiempo de maduración. Persevere y concédaselo.

Al fin y al cabo, estará invirtiendo en su activo más valioso: usted mismo.

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