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Título: El nuevo directivo: "Recuperando el mono interior"
Autor: Jorge Cuervo y Daniel Poch
Fecha: 23/04/2007

“La calidad del liderazgo directivo justifica hasta un 45% del éxito de la organización” (Day&Lord, Journal of Magt. 1986)

“En la última década, un tercio de los CEOS de las compañías del ranking Fortune 500 duraron menos de 3 años”

“Las empresas no aprovechan bien a su gente” (McKinsey, “The war for talent”, 2001): cuando los ejecutivos eran preguntados si sus compañías desarrollaban bien a su personal, ¡sólo el 3% respondió afirmativamente!

Algo está pasando. Si usted es directivo o empresario, sabe de sobras que su ocupación se ha convertido en una actividad de alto riesgo ¡tanto para su carrera profesional como para su salud! A diferencia de sus antecesores, la primera decisión que un directivo de hoy debe afrontar es ¿puedo aplicar en este caso la experiencia previa? ¿...y en qué medida? Le ha correspondido lidiar con las mayores dosis de incertidumbre de la historia, y los métodos tradicionales son cada vez más insuficientes...

Aunque resulte sorprendente, la raíz de este problema se halla muy lejos en el tiempo, cuando hace millones de años un primate aventurero “descendió de un árbol” en la sabana africana y comenzó la andadura del ser humano...Nuestros “antepasados” podrían parecernos a simple vista seres bastante desvalidos para sobrevivir en aquel entorno, sin mandíbulas poderosas ni afiladas garras. Sin embargo tuvieron éxito y nosotros somos la consecuencia, somos sus “nietos”.

En realidad, sobrevivieron porque desarrollaron tres capacidades claves: el ingenio, el trabajo en grupo...y, sobre todo, la voluntad de sobrevivir a cualquier precio. Todas ellas residían en su cerebro. Por eso, lo que somos hoy es fruto de un cerebro orientado a la supervivencia, y no hacia la búsqueda de la verdad ni la felicidad. Nuestro cerebro es una herramienta poderosa y frágil que apenas sabemos gestionar adecuadamente.

Sin embargo, nos ha servido para prolongar nuestra esperanza de vida y para crear un mundo tan especulativo y cambiante que, a su vez, está tentando los límites de nuestra propia capacidad de adaptación. ¡El mismo cerebro que mandaba una horda tribal es el que hoy dirige una flota nuclear o una corporación multinacional!

Los espectaculares avances de la neurología ponen en evidencia las limitaciones de nuestra propia naturaleza para afrontar con éxito este nuevo mundo que estamos creando con más ambición que consciencia. Autores como Antonio Damasio, reciente Premio Príncipe de Asturias, han derribado algunos paradigmas básicos sobre los que se construía nuestro pensamiento. Por ejemplo, la clásica definición del hombre como “ser racional” se ha convertido en “ser que razona sobre una base emocional”, ¡hoy sabemos que no es posible tomar decisiones ni llevarlas a la práctica sin esa emocionalidad!

En su mayor parte, los descubrimientos que han cambiado nuestra percepción de la capacidad humana se han producido durante la última década y, sin embargo, todavía no han llegado de manera significativa a la gestión empresarial. Seguimos planteando los proyectos empresariales como siempre: la Dirección desarrolla un Plan racional, emanado de un reducido número de cerebros, que luego se implanta desde arriba hacia abajo, en la Organización. ¿Somos conscientes de que el mismo concepto de implantación implica violencia? Es quirúrgico, metálico, se aplica por la fuerza...La gran ausente, y a menudo la víctima, es la persona... ¡la responsable final de que nuestro plan, tan bien pensado, funcione! Esto no puede salir bien en la mayoría de las ocasiones...

Por el contrario, creemos que el entorno empresarial actual es el más complejo de la Historia y que es preciso aplicar tales nuevos conocimientos para “darle la vuelta” a la forma de plantear la gestión hoy en las organizaciones. ¡Movilicemos ese enorme potencial humano que en las empresas apenas dejamos aflorar! Quienes hemos vivido años de experiencia en la Dirección de Equipos y en la Consultoría, constatamos que los trabajadores vuelcan en su trabajo una pequeñísima parte de su potencial.

Como mero ejemplo, recuerdo en cierta ocasión unos talleres sobre gestión del cambio que efectuamos en una empresa multinacional con tradición en un sector tecnológico. El ejercicio consistía en diseñar mediante grupos de trabajo un proyecto de cambio a partir de unos parámetros preestablecidos. Los grupos formados por colaboradores “de a pie”, aunque utilizando un lenguaje menos técnico, generaron propuestas de tanta calidad como aquellos que incluían a directivos. ¡Pero qué difícil había sido convencerles de que eran capaces de hacerlo! Se negaban a intentarlo, lastrados por años de castración mental. Quedaron sorprendidos del resultado... algunos incluso hubiesen preferido no descubrirlo, ¡rompía sus esquemas!

Hoy la gestión del talento es el factor competitivo esencial en la mayoría de los mercados. Se hacen grandes esfuerzos para captarlo y retenerlo, pero filones de talento desaprovechado siguen ocultos en las mismas empresas que están buscándolo desesperadamente en el exterior. ¿Pensamos que no existe sólo porque no sabemos extraerlo?

Para lograrlo, hemos departir de nuestra propia configuración cerebral y recuperar la conexión con ese mono interior que todos llevamos dentro, para movilizar esastres palancas que han sido la clave de la supervivencia de nuestra especie: la capacidad de ingeniar, el trabajo en grupo...y, sobre todo, la voluntad de sobrevivir. ¿Acaso no son las mismas que están en la base del éxito empresarial hoy día?

Diseñemos los proyectos desde abajo aprovechando el conocimiento que yace en la organización: impliquemos a quienes después tendrán que llevar el peso de la tarea y escuchemos: ellos conocen mejor que nadie clientes, proveedores y circunstancias. Incorporemos así más materia pensante y el poder del grupo a los proyectos. Concienciemos y dinamicemos voluntades, demos sentido a los esfuerzos. Este es el enfoque que, por nuestra parte, estamos aplicando con éxito en proyectos de mejora en empresas de diversos sectores y tamaños.

Nuestra experiencia nos ha demostrado hasta qué punto los resultados de dicho enfoque marcan la diferencia: moviliza el conocimiento existente en los distintos niveles de la Organización, involucra a las personas desde el principio y aumenta el compromiso, facilita el seguimiento y la coordinación, y permite detectar precozmente las resistencias al cambio, favoreciendo su gestión. En suma, agiliza los procesos y disminuye el sufrimiento organizacional.

Seamos realistas, en el difícil entorno competitivo actual las empresas de nuestro país ya no son las más baratas, pero tampoco estamos consiguiendo hacerlas las más productivas ni las más innovadoras.Quizás nuestro reto sea despertar y movilizar esta inteligencia emocional organizacional, que puede esconder el verdadero filón de ventaja competitiva hoy en día.

Sin embargo, eso requerirá modificar la cultura corporativa de muchas empresas, para lo cual hará falta autoconocimiento y humildad, pero sobre todo, voluntad. Es el viaje más difícil que podamos emprender, pero no tenemos otra opción. ¡Que nuestro mono interior, con su instinto de supervivencia, nos ayude!

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